LOS PROBLEMAS DE SALUD DE LOS LÁCTEOS


El artículo a continuación lo he encontrado en la página de Physicians Commitee for Responsible Medicine (Comité de Médicos por la Medicina Responsable) de los EE.UU. Se trata de un resumen de distintos estudios médicos sobre los problemas de salud que pueden provocar los lácteos. Lo he traducido porque nos parece muy interesante y educativo. Podéis encontrar la versión original aquí: 

Health Concerns About Dairy

Problemas de salud de los lácteos

Muchos estadounidenses (y europeos), incluidos algunos vegetarianos, todavía consumen cantidades sustanciales de productos lácteos. Las políticas gubernamentales todavía promueven estos productos, a pesar de la evidencia científica que cuestiona sus beneficios para la salud e indica su potencial riesgo. Aunque los lácteos se comercializan como un alimento esencial para tener unos huesos fuertes, hay mucho más detrás de esto. Hay algunas cosas importantes a considerar, entre las que se incluyen posibles problemas de salud como enfermedades cardiacas, ciertos cánceres, problemas digestivos y diabetes tipo 1.


La salud ósea

El calcio es un mineral importante que ayuda a mantener los huesos fuertes. Nuestros huesos se remodelan constantemente, lo que significa que el cuerpo toma pequeñas cantidades de calcio de los huesos y lo sustituye por calcio nuevo. Por tanto, es fundamental tener reservas de este mineral para que el cuerpo no pierda densidad ósea en este proceso de remodelación. Aunque el calcio es necesario para garantizar la salud ósea, los beneficios de consumir calcio disminuyen después de cierta cantidad. Las investigaciones sugieren que consumir más de 600 miligramos por día no ayuda a fortalecer los huesos, y esa cantidad se logra fácilmente sin productos lácteos ni suplementos de calcio. 

De hecho, dichas investigaciones muestran que los productos lácteos tienen poco o ningún beneficio para los huesos. Un artículo de 2005 publicado en en la revista Pediatrics demostró que beber leche no mejora la resistencia ósea en niños. En un estudio más reciente, los investigadores supervisaron las dietas, el ejercicio y las tasas de fracturas por estrés de chicas adolescentes durante siete años concluyendo que los productos lácteos y el calcio no previenen las fracturas por estrés. 

¿Cómo puede ser esto? Primero, los huesos sanos necesitan más que solo calcio. Por ejemplo, la vitamina K es importante para la salud ósea, pero la mayoría de los productos lácteos contienen muy poca. Por suerte, ciertas verduras como el kale o col rizada y el brócoli son especialmente beneficiosas para los huesos porque contienen calcio y vitamina K.

La vitamina D también es necesaria para la salud ósea. Sin suficiente vitamina D, solo el 10-15 por ciento del calcio que se consume es absorbido. La leche no contiene vitamina D de forma natural. Más bien lo que se hace es agregarla a los productos lácteos en un proceso llamado fortificación. La fuente natural de vitamina D es la luz solar: nuestra piel produce vitamina D cuando se expone al sol. Pocos alimentos contienen vitamina D de forma natural y entre ellos ningún producto lácteo. Por lo tanto, cereales fortificados, pan, zumo de naranja y leches vegetales como la de soja son las mejores opciones que existen para proporcionar vitamina D a través de la dieta. Aunque también se puede recurrir a los suplementos. 

Entre 5 y 15 minutos de exposición al sol en brazos y piernas, manos o cara pueden ser suficientes para aportar las necesidades de vitamina D de la mayoría. Sin embargo, tener la piel más oscura, ser más mayor, vivir en zonas del norte con menos luz solar, o en zonas urbanas, e incluso algunos inviernos muy oscuros pueden ser razones para dificultar la obtención de suficiente vitamina D. Afortunadamente, los suplementos son la forma más fácil de conseguir vitamina D. El gobierno de EE. UU. recomienda que los adultos entre 19 a 50 años tomen 15 micro gramos al día y que los adultos mayores de 51 años tomen 20 micro gramos al día de suplemento de vitamina D.

Otras formas de proteger los huesos incluyen comer menos sal, comer más frutas y verduras y comer una adecuada cantidad de calcio a través de la ingesta de alimentos vegetales como la col rizada, el brócoli, y otras verduras de hoja verde o judías y legumbres. También se puede utilizar productos fortificados con calcio como cereales, zumos o bebidas vegetales.

Por último, el ejercicio es una de las formas más efectivas de aumentar la masa y densidad óseas y disminuir el riesgo de osteoporosis. Sus beneficios han sido observados en estudios tanto en niños como en adultos.


Contenido de grasa y enfermedades cardíacas

Los productos lácteos, incluido el queso, el helado, la leche, la mantequilla, y el yogur aportan cantidades significativas de colesterol y grasas saturadas a la dietaLas dietas altas en grasas, especialmente en grasas saturadas, pueden aumentar el riesgo de enfermedades cardíacas y accidentes cerebrovasculares y puede causar otros problemas de salud graves.

Por otro lado, una dieta vegetal baja en grasas (sin productos lácteos), en combinación con ejercicio, dejar de fumar y el manejo del estrés, no solo puede ayudar a prevenir las enfermedades cardíacas, incluso revertirlas.

 

Cáncer

El consumo de productos lácteos también se ha relacionado con un mayor riesgo de varios cánceres, especialmente en los cánceres de los órganos reproductores. El consumo de lácteos se ha relacionado significativamente con un mayor riesgo de cáncer de próstata. 

El peligro de consumir productos lácteos en relación con la próstata es muy probable que esté relacionado con aumentos en el factor de crecimiento insulínico 1(IGF-1). Se ha demostrado que consumir leche y productos lácteos regularmente aumenta los niveles sanguíneos de IGF-1 en humanos. Los estudios también han demostrado un constante y fuerte vínculo entre altos niveles de IGF-1 en sangre y riesgo de cáncer de próstata. 

Un estudio mostró que los hombres con los niveles más altos de IGF-1 tenían más de cuatro veces el riesgo de desarrollar cáncer de próstata en comparación con los que tenían los niveles más bajos. El Physicians Health Study realizó un seguimiento de 21,660 participantes durante 28 años en el cual los investigadores encontraron un mayor riesgo de cáncer de próstata para quienes consumían más de 2,5 raciones de productos lácteos por día en comparación con aquellos que consumían menos de media ración al día. Este estudio, que está respaldado por otros hallazgos, también muestra que el riesgo de cáncer de próstata es mayor con el consumo de leche desnatada. Eso significa que demasiado calcio proveniente de productos lácteos, y no solo la grasa de los lácteos, podría dañar la salud de la próstata.

Un estudio de 1.893 mujeres diagnosticadas con fase temprana de cáncer de mama invasivo reveló que comer más productos lácteos ricos en grasas estaba relacionado con mayores tasas de mortalidad. Tan poco como la mitad de una porción al día aumentaba significativamente el riesgo. Dado que las hormonas son almacenadas en grasa, consumir productos lácteos ricos en grasa, en lugar de bajos en grasa, significa que las mujeres están consumiendo más estrógenos que provienen de la leche de vaca. Un segundo gran estudio con 1.941 mujeres encontró que las mujeres que habían consumido la mayor cantidad de queso cheddar americano y quesos en crema tenían un 53% más de riesgo de cáncer de mama.

El consumo de productos lácteos también puede contribuir al desarrollo de cáncer de ovario. La relación entre los lácteos y el cáncer de ovario puede deberse a la degradación del azúcar de la leche (lactosa) en galactosa, un azúcar que puede ser tóxico a las células ováricas. Dos estudios, uno realizado en Suecia y uno realizado entre mujeres afroamericanas, mostró que consumir lactosa y productos lácteos está relacionado positivamente con padecer cáncer de ovario. El Estudio de salud de la mujer de Iowa, encontró que las mujeres que consumían más de un vaso de leche al día tenían una probabilidad un 73% mayor de desarrollar cáncer de ovario que mujeres que bebían menos de un vaso al día.

Por último, un gran estudio publicado en el British Journal of Cancer identificó a 22.788 personas que eran intolerantes a la lactosa y encontró que aquellos que evitaban los lácteos (debido a la intolerancia a la lactosa) tenían un menor incidencia de cánceres de pulmón, mama y ovario que sus miembros de la familia que no evitaron los lácteos. Los investigadores sugieren que evitar las grasas saturadas y las demás hormonas que se encuentran en los lácteos protege contra ciertos tipos de cáncer. 


Intolerancia a la lactosa

La intolerancia a la lactosa, es común y afecta aproximadamente al 95% de norteamericanos de origen asiático, al 74% de los nativos americanos, al 70% de los afroamericanos, al 53% de los mexicoamericanos y al 15% de los caucásicos. Los síntomas, que incluyen malestar estomacal, diarrea y gases, ocurren porque estos individuos carecen de la enzima lactasa, que es necesaria para digerir la lactosa. Los niños producen enzimas para descomponer la lactosa cuando todavía son amamantados, pero a medida que crecemos se va perdiendo esa capacidad de manera natural. Como resultado, la lactosa no se absorbe, pero permanece en el intestino donde causa síntomas desagradables.


Contaminantes

Los lácteos contienen contaminantes que van desde hormonas hasta pesticidas. La leche contiene hormonas y factores de crecimiento producidas de manera natural dentro del cuerpo de una vaca. Además, se les suele dar a las vacas hormonas artificiales como la hormona del crecimiento bovino recombinante (rBGH) para aumentar su producción de leche.

También se utilizan antibióticos para tratar las infecciones de las ubres (mastitis) en las vacas. Se han encontrado trazas de estos antibióticos en algunas muestras de leche y productos lácteos. Desafortunadamente, se utilizan antibióticos frecuentemente, porque la mastitis es muy común en las vacas debido a las prácticas agrícolas que se emplean para que las vacas produzcan más leche de la que producirían normalmente. 

Los pesticidas, los bifenilos policlorados (PCB) y las dioxinas son otros ejemplos de contaminantes que se encuentran en la leche. Los productos lácteos aportan entre un cuarto y la mitad del total de la ingesta de dioxinas de la dieta. Todas estas toxinas tienden a acumularse en el cuerpo con el tiempo y eventualmente pueden dañar los sistemas inmunológico, reproductivo y nervioso. Además, los PCB y las dioxinas se han relacionado con el cáncer también.

En otros contaminantes que pueden aparecer en la leche también está la melamina (que a menudo se encuentra en los plásticos y puede dañar los riñones y tracto urinario) y toxinas cancerígenas como las aflatoxinas.


Proteínas de la leche y diabetes

La diabetes insulinodependiente (tipo 1) está relacionada con el consumo de productos lácteos en la infancia. Un estudio finlandés de 2001 de casi 3.000 bebés con mayor riesgo genético de desarrollar diabetes mostró que la introducción temprana de leche de vaca aumentó la susceptibilidad a la diabetes tipo 1. Además, la academia estadounidense de Pediatría (Academy of Pediatrics) observó una reducción de hasta un 30% en la incidencia de diabetes tipo 1 en bebés a los que se había evitado exponer a la proteína de la leche de vaca durante al menos los primeros tres meses de vida. 

 

Preocupaciones por la salud de niños y bebés

La proteína de la leche, la lactosa (azúcar de la leche), las grasas y grasas saturadas en los productos lácteos plantean riesgos para la salud de los niños y pueden provocar obesidad, diabetes y enfermedades del corazón. Si bien a menudo se recomienda la leche desnatada (baja en grasa) para disminuir el riesgo de obesidad, un estudio publicado en Archives of Disease in Childhood mostró que los niños que bebían leche desnatada, en comparación con los que bebían leche entera, no eran menos propensos a ser obesos. Además, un metaanálisis no encontró ningún apoyo al argumento de que el aumento de la ingesta de productos lácteos disminuye la grasa corporal y el peso a largo plazo (> 1 año) .

No se recomienda el consumo de leche de vaca para lactantes. La Academia Estadounidense de Pediatría recomienda que los bebés menores de un año de edad no recibirán leche de vaca. El hierro en la leche de vaca es difícil de absorber para los bebés, pero la leche de vaca entera puede causar sangrado microscópico en los intestinos de los bebés. 

El cólico en bebes es una preocupación adicional con el consumo de leche. Hasta el 28% de los bebés sufren de cólicos durante el primer mes de vida. Los pediatras aprendieron hace mucho tiempo que la leche de vaca era a menudo la razón. Ahora sabemos que las madres que amamantan pueden provocar cólicos a sus bebés si consumen leche de vaca, queso o cualquier otro lácteo. Las proteínas de la leche de vaca pueden pasar a través del torrente sanguíneo de la madre, a la leche materna, y al bebé, causando síntomas en algunos bebés. 

Además, los niños que consumen leche de vaca tienen más probabilidades de desarrollar alergias alimentarias, y es más probable que padezcan estreñimiento crónico.


Conclusiones

La leche y los productos lácteos no son necesarios en la dieta y pueden incluso ser perjudiciales para la salud. Es mejor consumir una dieta saludable de cereales integrales, frutas, verduras, judías, guisantes y lentejas, y reemplazar la leche de vaca con leches vegetales no lácteas como leches de almendras, de soja o leche de anacardo. Estos alimentos ricos en nutrientes pueden ayudarlo a satisfacer sus requerimientos de nutrientes con facilidad y sin los riesgos para la salud asociados a los productos lácteos.